Este 20 de marzo celebramos el World Day of the Performing Arts for Children and Youth, una iniciativa impulsada por ASSITEJ International desde 1999 y que hoy continúa creciendo gracias al compromiso de una rica comunidad artística a nivel global en más de 80 países.
Para mí, este día representa la oportunidad de visibilizar el trabajo que hacemos colectivamente: ese esfuerzo diario por transformar la percepción sobre lo que significa ser niño y niña en este mundo, en cualquier parte del planeta. Me gustaría reivindicar precisamente esa mirada infantil y confrontarla con una realidad que, a escala global, percibo cada vez más oscura y menos humana.
Mi vida siempre ha estado vinculada al arte. Siempre he sentido que es el lenguaje de lo humano, aquello que nombra lo que aún no sabemos explicar, lo que somos antes incluso de comprenderlo. Somos poesía, aunque todavía no hayamos aprendido del todo a reconciliarnos con nuestra propia esencia.
Las artes escénicas, en particular, son una fuerza transformadora, una herramienta poderosa, creadora de utopías y capaz —lo creo firmemente, incluso en los momentos más difíciles— de cambiar el mundo.
Este año, el mensaje internacional es“Poniendo en escena los derechos de la infancia. HOY. TODOS LOS DÍAS.”. En el Comité Ejecutivo de ASSITEJ International hemos hablado mucho sobre ello, intentando siempre que nuestras palabras representen la diversidad global de nuestra red. Porque este camino solo puede recorrerse de manera conjunta, desde el diálogo y la inclusión. Este mensaje sitúa en el centro nuestro propósito fundamental: los derechos de los niños y niñas, que celebramos hoy, pero que defendemos cada día del año.
A menudo me pregunto qué pasaría si niños y niñas pudieran tomar más decisiones. Pienso en ello muchas veces, y aunque las dificultades son enormes, también estoy convencido de que si lo lográramos el mundo sería un lugar más justo, más amable y luminoso.
Por eso, hoy quiero hacer un llamamiento: visibilicemos el poder de las artes escénicas, demos más voz a niños, niñas y jóvenes, y hagámoslo juntos. Porque la realidad se puede cambiar. Pero solo si trabajamos unidos, desde la empatía, la escucha y la creatividad compartida.












